Asumo que más de alguna vez hemos escuchado, pero… sentimos con el corazón y pensamos con la cabeza…? Mmmm…
¿De dónde proviene nuestra conducta? ¿Es algo que “sólo aparece”? La respuesta es bastante clara, no sé si será simple, pero al menos es clara. Toda nuestra conducta proviene de nuestro cerebro.
Desde épocas pretéritas es que se comienza a desarrollar y evoluciona sistemáticamente el concepto de “mente”, la cual se consideraba absolutamente independiente del cuerpo y nuestro corazón era el centro de las emociones. Así pasamos por los Griegos, por la dicotomía planteada por René Descartes y cientos de años dándonos vueltas en lo mismo. En algún momento se planteó que la mente de cada uno de nosotros funciona como el programa de un computador, sin embargo en los últimos 20 años ha quedado en evidencia que este paradigma no es tal, que no hay una separación real entre la mente y el cuerpo, sino más bien es un reflejo adquirido desde un punto de vista filosófico, científico y cultura, particularmente en occidente.
Pensar que hay una separación real entre la mente y el cuerpo sería equivalente a pensar que hay una contradicción entre ambos, algo así como lo absurdo que nos resulta pensar en la contradicción entre el movimiento de un caballo y sus patas. El cerebro dentro del cuerpo, con la correlación directa que tiene con los distintos sistemas de nuestro organismo se presenta con un actuar coordinado, es decir, cuando este sistema nervioso, estas redes neuronales actúan sobre los distintos órganos tenemos un fenómeno que emerge que es la MENTE, la capacidad de recordar, de pensar, de percibir y es la que nos hace ser distintos a unos de otros. No es una cuestión inexistente por el hecho de ser intangible sino es la que nos permite movernos en el mundo, relacionarnos con otros, trabajar, estudiar, etc.