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NIÑOS CON AUTISMO VIVIENDO UN MUNDO DIFERENTE

hace 2 meses

Los trastornos del espectro autista constituyen un grupo de alteraciones del comportamiento derivadas de un desarrollo diferente a cómo funciona nuestro cerebro, del que mucho se escucha hablar, pero del que poco se sabe.

 

Las causas de este trastorno todavía no están suficientemente establecidas y las afecciones pueden ser muchas y muy variadas. Los bebés que tienen este trastorno no se dejan mimar, evitan el contacto visual y no parecen querer o necesitar contacto físico o afecto, no sonríen o levantan sus brazos antes de ser levantados. Pueden volverse rígidos o flojos cuando se los sostiene, llorar cuando se les levanta y mostrar poco interés por el contacto humano. No desarrollan el apego habitual con sus padres y no muestran ninguna ansiedad normal hacia los desconocidos.

Las capacidades de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de niños autistas son distintas, desde niños con muy altos niveles de capacidad que apenas necesitan ayuda en su vida diaria hasta otros niños con grandes dificultades que requieren del apoyo constante para desenvolverse en lo cotidiano.

 

¿Cuándo se detecta el autismo?

Algunos padres notan desde lactantes que su hijo no se conecta visualmente, otros que los cambios ocurren más tarde, al percibir que el pequeño comienza a rechazar a la gente, actuar en forma extraña y perder el lenguaje y las habilidades sociales que tenía. En otros casos hay una lentitud en el nivel de progreso del desarrollo, de manera que esta diferencia se vuelve cada vez más notoria a través del tiempo respecto de otros niños de la misma edad.

Este trastorno suele desarrollarse antes de los 3 años de edad y dura toda la vida, aunque los síntomas pueden atenuarse con un buen tratamiento.

 

Habilidades sociales y autismo

Los problemas sociales son uno de los síntomas más comunes de todos los tipos de autismo y pueden generar problemas graves en la vida cotidiana. Los bebés con un desarrollo normal se interesan por el mundo y las personas que los rodean. Para cuando cumplen el primer año de vida, un niño normalmente interactuará con sus pares haciendo contacto visual, repitiendo palabras y acciones, y usando gestos sencillos como saludar con la mano. Pero los pequeños con un trastorno de autismo pueden tener mucha dificultad para aprender a interactuar con otras personas.

Algunos ejemplos:

• No responden a su nombre cuando tienen 12 meses de edad.
• Evitan el contacto visual.
• Prefieren jugar solos.
• No comparten intereses con los demás.
• Interactúan únicamente para llegar a una meta deseada por ellos.
• Tienen expresiones faciales apáticas o inadecuadas.
• No comprenden los límites del espacio personal.
• Evitan o se resisten al contacto físico.
• No aprecian el consuelo proporcionado cuando están angustiados.
• Tienen dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.

 

Comunicación

Las formas y habilidades de comunicación de las personas con autismo son muy variadas. Algunas pueden hablar bien, otras hablan muy poco o no lo hacen. La mayoría de niños con este trastorno están ensimismados y parecen vivir en un mundo propio donde no se comunican ni interactúan con los demás. Pero no todos tienen problemas con el lenguaje, ya que sus habilidades de comunicación pueden variar en función de su desarrollo intelectual y social. Ahora bien, por lo general se repiten ciertos patrones de lenguaje y comportamiento:

• Lenguaje repetitivo o rígido. Es común ver que los niños con autismo hablan y dicen cosas sin sentido o que parecen estar fuera de contexto. Por ejemplo, el niño cuenta del uno al cinco repetitivamente o puede repetir una y otra vez las palabras que ha escuchado. Algunos niños autistas hablan en un tono de voz más alto o con una voz musical o a veces mecánica, como la de un robot. Otros usan frases hechas para iniciar una conversación, por ejemplo, el niño dice “Me llamo Raúl”, aunque esté hablando con familiares y amigos que ya lo conocen. Otros pueden repetir lo que escuchan en los programas o comerciales de televisión.

• Intereses específicos y habilidades excepcionales. Algunos niños pueden iniciar un monólogo muy profundo sobre un tema que les interesa, aunque no puedan llevar a cabo un diálogo sobre el mismo tema. Otros tienen talento musical o una habilidad avanzada para contar y hacer cálculos matemáticos. Aproximadamente, el 10% de los niños con este trastorno presentan habilidades de “sabio” o son excepcionalmente hábiles en áreas específicas, como recordar fechas del calendario, ejecutar música o resolver problemas matemáticos.

• Desarrollo desigual del lenguaje. Muchos niños con este trastorno desarrollan ciertas habilidades del habla y del lenguaje que no corresponden al nivel normal y su progreso generalmente es desigual. Por ejemplo, pueden desarrollar rápidamente un gran vocabulario en una determinada área de interés. Muchos niños tienen buena memoria para la información que acaban de escuchar o ver. Algunos leen antes de los 5 años, pero no entienden lo que leen. A menudo no contestan cuando los demás les hablan ni tampoco cuando los llaman por su propio nombre, razón por la que a veces se cree equivocadamente que los niños con el trastorno del espectro autista tienen un problema de audición.

• Poca habilidad para la comunicación no verbal. Es común que estos niños no puedan hacer gestos (como señalar un objeto, por ejemplo), para dar significado a lo que dicen. Por lo general evitan el contacto visual, lo que los hace parecer maleducados, desinteresados o distraídos. Sin la posibilidad de hacer gestos o usar el lenguaje para comunicarse, muchos niños autistas se frustran y es posible que demuestren esa frustración con arrebatos verbales u otros comportamientos entendidos como “inapropiados”.

 

Tratamiento

Si el médico sospecha que el niño tiene un trastorno del espectro autista o un problema de desarrollo, por lo general requerirá ser evaluado por una serie de especialistas, entre ellos, un fonoaudiólogo quien podrá diseñar un programa de desarrollo de habilidades comunicacionales tras una evaluación completa de la capacidad del niño para comunicarse.

Es fundamental enseñarles a los niños autistas cómo comunicarse para que puedan alcanzar su verdadero potencial. Existen muchas maneras para mejorar las habilidades de comunicación y el mejor programa es el que comienza temprano, durante los años preescolares, adaptado a la edad y los intereses del niño. También es importante tratar los problemas de comportamiento reforzando regularmente las acciones positivas. En su mayoría, estos niños responden bien a los programas especializados y bien estructurados, en la medida que los padres o cuidadores, junto a otros familiares, estén comprometidos en el programa de tratamiento para que éste forme parte de la vida diaria.

Para los más pequeños, una meta del tratamiento es mejorar la comunicación verbal, meta que es posible de alcanzar si se pone atención al desarrollo del lenguaje desde un comienzo. Así como los niños aprenden a gatear antes de caminar, también desarrollan habilidades previas al lenguaje antes de comenzar a usar palabras, las que incluyen uso del contacto visual, gestos, movimientos del cuerpo, balbuceo y otras vocalizaciones como ayuda para su comunicación.

Para los niños autistas un poco mayores, el entrenamiento en comunicación básica por lo general se enfoca en el uso funcional del lenguaje. Por ejemplo, aprenden a mantener una conversación con otra persona, lo cual incluye mantenerse dentro del tema y esperar el turno para hablar.

Algunos niños con este trastorno quizá nunca lleguen a desarrollar habilidades del lenguaje verbal. Para ellos, la meta puede ser llegar a tener una comunicación gesticulada como la que se utiliza en el lenguaje de señas. Otros tienen como meta comunicarse mediante un sistema de símbolos donde se usan dibujos para comunicar ideas. Los sistemas de símbolos incorporan, entre otras cosas, pizarras para dibujar, tarjetas y hasta aparatos electrónicos sofisticados que generan el lenguaje a través de botones que representan acciones comunes.

 

¿Cómo actuar ante el mal comportamiento?

El pequeño con autismo puede usar un mal comportamiento como medio de comunicación, porque no entiende lo que está pasando o simplemente porque necesita expresar su frustración cuando las cosas no son como él espera o desea. Por lo tanto, dejamos a continuación una serie de recomendaciones sobre cómo reaccionar ante estas actitudes:

1. No respondas a un mal comportamiento con una mala actitud. Debemos actuar de forma calmada y no reaccionar aumentando su ansiedad o su enfado. Tampoco se puede compensar ese comportamiento erróneo como, por ejemplo, poniéndole su serie favorita en la televisión. Es decir, no hay que reprenderlos pero tampoco premiarlos.

2. Saber que en esos momentos no está en su mejor momento para recibir disciplina. No intentes imponerle una acción o corregirlo cuando está enfadado, distraído, sobre-estimulado, encerrado, ansioso o en cualquier otro estado emocional donde su inestabilidad le impida interactuar contigo.

3. No alces la voz. Si le gritas, puede oír el volumen, el tono o el enfado que sientes pero no entenderá las palabras y no sabrá qué es lo que ha hecho mal, con lo que puede aumentar la frustración de los dos. Habla en un tono suave y agáchate junto a él para estar a su altura y facilitar esa comunicación.

4. Haz un seguimiento del mal comportamiento. A veces ayuda anotar cuáles son las circunstancias en las que aparece un “mal” comportamiento: qué personas tomaron parte, qué hora era, en medio de qué actividad, cuáles fueron los posibles detonantes… La esperanza es que surja un patrón que permita poder corregirlo.

5. Explora si hay varios sentimientos mezclados. Puede que te diga que estaba enfadado y eso era evidente, pero quizá además estaba asustado, ansioso, celoso, frustrado, triste…

6. Céntrate en lo positivo. En vez de decirle lo que no tiene que hacer, dile lo que tiene que hacer. Refuerza cuando haya hecho algo bien usando un lenguaje positivo, que le anime a seguir actuando bien.

7. Establece límites. Muchos niños con autismo tienen intereses repetitivos u obsesiones. A veces es un problema para el comportamiento como cuando están viendo sus dibujos animados y hay que ir a algún lado u otra persona quiere ver algo en la tele. Puedes decirle que solo puede ver televisión durante media hora después de cenar o usar su programa favorito como recompensa para premiar un buen comportamiento.

8. Practica con él. Todos los niños necesitan repetir una actividad hasta incorporarla en su vida cotidiana y hacerla como tú esperas que la haga. Un niño con autismo puede necesitar mucho más tiempo y más repeticiones. Es mejor que practiques en un ambiente tranquilo y cuando él lo haya dominado ir aportando algunas variaciones para ampliar ese aprendizaje.

 

A tener en cuenta

Podríamos estar en presencia de autismo si:

• A los 12 meses aún no responde a su nombre.
• A los 14 meses no señala los objetos para demostrar su interés.
• A los 18 meses no hace juegos de simulación.
• Evita el contacto visual y quiere estar solo.
• Tiene dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.
• Presenta retrasos en las destrezas del habla y el lenguaje.
• Repite palabras o frases una y otra vez (a esto se llama “ecolalia”).
• Da respuestas que no se relacionan con las preguntas que se le hacen.
• Se irrita hasta con los más pequeños cambios en su rutina.
• Tiene intereses obsesivos.
• Aletea con las manos, balancea mucho su cuerpo o gira en círculos.
• Tiene reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto, el tacto o el sonido de las cosas.

 

Fuente: Diario Mi Hijo (Publicado en el sitio Sochipe)

¿QUÉ ES EL “CONTROL SANO” Y CUÁL ES SU IMPORTANCIA

hace 2 meses

¿Solo es necesario llevar a nuestros hijos al doctor cuando están enfermos?

Por supuesto que cuando algo no va bien en nuestros pequeños, se debe acudir al pediatra, pero, aunque parezca innecesario, es fundamental controlarlos cuando están sanos, periódicamente.

El control de salud en la infancia es la instancia en que se vincula al niño, padres o cuidadores, con los profesionales de la salud, un servicio que se entrega a todos los niños y niñas de 0 a 9 años y que, cuando es rutinario, se denomina “control sano”.
La medición del peso, talla y perímetro cefálico del menor, la evaluación de su desarrollo psicomotor, el calendario de vacunas, así como orientar a los papás sobre los distintos aspectos del crecimiento infantil, son algunas de las actividades que se realizan durante el control del niño sano. En estas visitas, es el momento de resolver dudas sobre las necesidades nutricionales y emocionales del pequeño, averiguar algunos tips que ayudarán a los padres a prevenir accidentes caseros, y cualquier pregunta necesaria para que todo ande bien con los niños.


El primer control se hace en la maternidad, en el momento en que nace el bebé. Se observa que no tenga  malformaciones ni enfermedades, se le aplica su primera vacuna (la BCG contra la tuberculosis), se realiza examen de detección precoz de problemas auditivos y se continúa con la estimulación de la lactancia materna que se inició durante el embarazo. A la semana, se acude nuevamente al pediatra para evaluar cómo evolucionó en esos primeros siete días. Además del peso y la talla, se revisa que no existan malformaciones congénitas ni problemas oculares, auditivos o cardíacos. Con los datos de su peso y talla comienza tomar forma su curva de crecimiento. Con ella se puede determinar si el niño crece en forma normal. Además, se refuerzan las normas de crianza, higiene, se fomenta el sueño y se estimula el pecho a libre demanda.

El control sano se efectúa con distinta periodicidad dependiendo de la edad del niño. Los primeros 6 meses los controles se realizan con mayor frecuencia, idealmente cada mes, porque el riesgo de enfermedad es mayor. Durante el examen también se chequean los hitos del desarrollo psicomotor del pequeño que son su capacidad de desarrollar ciertas tareas definidas de acuerdo a su edad, como levantar la cabeza o sonreír, y a los papás se les dan consejos sobre cómo estimularlo y a qué elementos estar atentos. Los primeros meses, sobre todo si es la primera guagua en la familia, se refuerza a los papás para que capten las señales que envía el bebé y así generar un buen apego entre ellos. También se les enseña a detectar los síntomas de enfermedades o dolencias comunes para que sepan diferenciar cuándo pueden manejar la situación por cuenta propia y cuándo es necesario llevarlo al médico o a la urgencia. 

Después de los seis meses, el control se realiza, en general, cada dos meses. Hasta esta edad se aconseja la lactancia materna exclusiva. Ahora empieza la introducción de nuevos alimentos y la curva de crecimiento ya no es tan rápida como antes. Se sigue evaluando el desarrollo psicomotor y se comienza a vislumbrar el carácter del niño por lo que es importante reforzar el establecimiento de estilos de crianza
adecuados. Se refuerza los hábitos incipientes de higiene dental y se refuerza la instauración de hábitos nutricionales adecuados.

Desde los 12 meses hasta los dos años, el control se realiza, en general, cada tres meses. Poco después del año la mayoría comienza a caminar, por lo que en esta etapa se informa sobre la prevención de accidentes que pueden ocurrir cuando el pequeño es capaz de desplazarse por sí mismo. Además, se hace la modificación de la consistencia de los alimentos, porque el niño ya puede comer lo mismo de las comidas familiares. El aseo dental es importante, así como la pesquisa precoz de defectos en la marcha.


Después de los dos años el control sano se realiza, en general, cada seis meses; a esta edad disminuye la asistencia al control de urgencia ya que el sistema inmunológico del niño está más desarrollado y, por lo tanto, ya no se enferma tan frecuentemente. Esta edad coincide muchas veces con la llegada del hermano, por lo que el apoyo a la familia, con consejos de crianza, pueden ser muy útiles.

Los controles de la etapa preescolar son importantes porque se evalúan las habilidades visuales, auditivas y motoras que ayudarán en el posterior aprendizaje a leer. Al inicio de la etapa escolar se chequean entre otras cosas los hábitos de alimentación porque muchos menores tienen tendencia al sobrepeso, que de ser mantenida acarrea problemas cardiovasculares en la etapa adulta. A esta edad la evaluación de columna es muy importante. Paralelo a este control, está el Calendario de Vacunas del Programa Nacional de Inmunizaciones y el Control con Enfoque de Riesgo Odontológico, que busca prevenir los trastornos de la salud dental. El programa de control del niño sano realizado en consultorios termina cuando éste cumple 9 años. Sin embargo, la Sociedad Chilena de Pediatría recomienda que continúe al menos una vez al año hasta los 18 años para no pasar por alto ninguna patología importante y conductas asociadas a la adolescencia, a las que hay que estar atentos.//

 

Rescatado de: http://www.sochipe.cl/ver2/mihijo/43.pdf